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5/11/12

EL GRAN ERROR NAZI




La imagen mítica de una patria polar de los arios no podía dejar de atraer la atención del nazismo, que se autoproclamaba de inspiración y vocación racial "nórdica" y aria. No es casualidad que una de las sociedades que desempeñaron un papel más decisivo en la configuración de su ideología adopta se el nombre de Thule y que tanto éstas como los nazis eligieran como emblema el símbolo polar de la Svástika, aunque interpretado erróneamente e injustificadamente, en clave racista y antisemita.

Rosemberg afirma que las estirpes nórdicas guerreras y navegantes, que difundieron por el globo el mito solar y una visión heroica de la vida, partieron de "un floreciente continente" que se alzaba en los confines del Atlántico Norte. Johan von Leers, uno de los principales ideólogos nazis, afirma que la "visión del mundo" propia de los antiguos arios, con su creencia en "el eterno retorno de la luz", plasmada en el disco solar o "cruz-rueda" y en la cruz gamada, "sólo pudo haber surgido donde la sucesión de luz y oscuridad, de noche cerrada y resplandor del sol fue especialmente intensa: en las regiones árticas que luego fueron pasto de la glaciación".

Rudolf  Gorsleben, autor de la escuela ariosófica, que influyó mucho en la ideología nazi, sostenía que "la vida surgió en el Polo Norte" y que "el país de los hiperbóreos" es la "patria primordial" aria. Por ello, el nazismo acuñaría el lema "la luz viene del Norte" como contraria a la divisa masónica "la luz viene del Oriente" que -para ellos-negaba el mérito de la raza nórdica como forjadora de la cultura e incitaba a los europeos a buscar la salvación en concepciones religiosas propias de razas extrañas.

Uno de los errores de los ideólogos nazis fue enfocar el mito nórdico del paraíso polar desde una perspectiva racial naturalista, considerándolo como lugar de origen exclusivo de la raza aria. Se les escapa que, según la tradición esotérica los troncos arios fueron simplemente los últimos en abandonar las regiones árticas, y que Hiperbórea fue cuna de un tipo sobrehumano anterior a la diferenciación racial, por lo cual es la remota patria de origen de todas las razas humanas. Se equivocan, además, al creer que la "Luz del Norte" se opone a la "Luz del Oriente", ya que ambas responden a dos fases distintas de una misma revelación espiritual.



3/11/12

EL NORTE




Es significativo que, mientras el Artico y el Polo Norte tienen tantas connotaciones simbólicas, no ocurra lo mismo con la Antártida y el Polo Sur.

El origen polar nórdico de la Tradición esotérica explica la importancia mística y simbólica del Polo y del Norte en muy diversas tradiciones espirituales. 

Así, China lo considera la región más próxima al cielo y la más cercana a la sabiduría divina. Los hindús, lo consideran el camino del sol el "sendero de los dioses", la vía del brahmán o realidad absoluta. La palabra sánscrita para el Norte, Uttara, significa "la región más elevada". 

El Atharvashira-Upanishad dice que "es la ruta trazada hacia el Norte por la que marchan los dioses y a través de la cual los antepasados y los rishis (a quienes fueron revelados los Vedas) alcanzan la meta Suprema.

En el esoterismo islámico, la palabra Qotb (Polo), designa una altísima jerarquía espiritual de la cadena iniciática. 


En el Sufismo persa todo gira en torno a la idea de "la Luz del Norte", que resplandece en plena noche, reproduciendo en escala interior los fenómenos árticos del Sol de medianoche y el resplandor de la aurora boreal. 

Como indica  H. Corbin, el Oriente suprasensible, objeto de la búsqueda eterna para místicos como Sohrawardi o Najm Kobra, "está en la dirección del Norte, en el Polo celeste, un extremo Norte tan extremo que está en el umbral de la dimensión del más allá". Para tales corrientes místicas, el ideal de perfección lo encarna "el hombre nórdico" u "hombre oriental", el que "está en el Norte" o camina hacia el Norte, de donde ha venido, por lo que está verdaderamente orientado. Su mirada está fija en la Tierra lúcida, "Tierra de la luz", situada en el Norte cósmico, y toda su vida cobra el sentido de una ascensión. Frente a él está el hombre desorientado, que ha perdido el Norte y ya no distingue el arriba y el abajo.